Sistema educativo sueco: Individualización / Swedish education system: Individualization

ESP.

Suecia es una democracia parlamentaria que se constituye como monarquía constitucional, algo muy similar con España. Este Estado independiente del norte de Europa, con una superficie de 449.964 km2 (incluidos los 39.035 km2 correspondientes a los grandes lagos), es el más grande de Escandinavia. La población total es de 8.937.119 habitantes, con una densidad de población de 21’3 personas por km2. La mayor parte de la población se concentra en las grandes ciudades, siendo el 83’9% de la población totalmente urbana. Con esto encuentro que la responsabilidad principal por la instrucción pública de Suecia recae sobre el Gobierno y el Parlamento. Siendo el Estado el que define las metas fundamentales de la educación escolar y sus directrices, mientras que los ayuntamientos responden de la puesta en práctica de esas normas. Actualmente el sistema de educación sueco ha venido evolucionando hacia una descentralización de las decisiones pero, en el ámbito nacional, casi todas las actividades educativas son de competencia del Ministerio de Educación y Ciencia.

Bajo esta información doy pasos atrás para ubicar qué sucede desde la escolaridad obligatoria en el sistema educativo sueco; la cual funciona desde el primer curso al noveno, sin diferenciación como un principio que va contra la políticas generales de las escuelas. Descubriendo que se verán implicadas a nivel macro curricular las ideas sobre la individualización, en virtud de las cuales los estudiantes reciben apoyo personalizado para lograr lo mejor que puedan dentro de este periodo académico. Según la experiencia que comportan los 50 años de escolaridad obligatoria sueca, demuestran que los temores e inseguridad no tienen cimiento, y para ello se validan en varias pruebas de aptitud internacionales a los estudiantes suecos de las cuales han obtenido buenos resultados. De tal modo que los alumnos ya desde la escolaridad obligatoria dialogan con los profesores en relación a su progresión académica de una manera más seria que en la interacción cotidiana, esto a través de conversaciones que se mantienen entre el profesor, el estudiante y los padres una vez cada medio año, denominadas Plan de desarrollo personal.

En cuanto a las evaluaciones, las notas se dan desde 6º. Por otro lado, se realizan pruebas por asignaturas, que son nacionales y obligatorias, en los cursos 3º, 6º y 9º de la educación obligatoria para evaluar el progreso de los alumnos; y con las notas finales de 9º curso solicitan plaza en bachillerato. He aquí otra diferencia: las notas cuentan desde los primeros niveles, por lo tanto las calificaciones del equivalente a la ESO importan a la hora de acceder al bachillerato. En otras palabras, los alumnos deben tomarse en serio sus estudios desde cursos antes que en España, para quienes son los dos cursos de bachillerato los únicos que decidirán su futuro. Este es uno de los factores que quizá incidan con mayor fuerza en el respeto y la responsabilidad que caracteriza a los principios de este sistema educativo.

A grandes rasgos la cultura académica sueca se basa en un modelo de enseñanza que favorece el aprendizaje a través del reconocimiento. Los profesores se apoyan en el compromiso de los estudiantes en la toma de la responsabilidad de su propio aprendizaje y desarrollo, con estilos de enseñanza orientados a permitir el análisis crítico de los contenidos del curso, conformados por situaciones del mundo real e información práctica; situando al trabajo en grupo también como una práctica común, cuya intención es obligar a los estudiantes a aprovechar lo que han aprendido de forma independiente para facilitar una investigación conjunta.

Esta cultura académica, según la últimos datos, se encuentra respaldada por una fuerte inversión total en investigación y desarrollo educativo que asciende al 7’7% del PIB durante 2016, con mayor concentración en la educación básica y mucho menor en la superior, comportando una de las cifras más altas entre los países de la OCDE. Esto se traduce en una obligatoria asistencia a conferencias, un diversificación y formación continua del profesorado y en formas de relación profesor-estudiante más horizontales para discutir su formación en discusiones con confianza, y siempre fundamentando su argumento. Por último, cabe mencionarse que dentro de los valores suecos se toman en cuenta la innovación y las nuevas ideas, buscando que la comunidad estudiantil se aventure con nuevos modos de pensamiento y enfoques críticos hacia los contenidos de los cursos.

ENG.

Sweden is a parliamentary democracy constituted as a constitutional monarchy, very similar to Spain. This independent state in Northern Europe, with an area of 449,964 km2 (including 39,035 km2 corresponding to the Great Lakes), is the largest in Scandinavia. The total population is 8,937,119 inhabitants, with a population density of 21.3 persons per km2. Most of the population is concentrated in the large cities, with 83.9% of the population being fully urban. With this I find that the main responsibility for public education in Sweden lies with the Government and the Parliament. It is the State that defines the fundamental goals of school education and its guidelines, while the municipalities are responsible for the implementation of these standards. Today, the Swedish education system has been moving towards decentralized decision-making, but at the national level, almost all educational activities are the responsibility of the Ministry of Education and Science.

Under this information I take steps back to locate what happens from compulsory schooling in the Swedish education system; which runs from the first grade to the ninth grade, without differentiation as a principle that goes against the general policies of schools. Discovering that ideas about individualization, whereby students receive personalized support to achieve the best they can within this academic period, will be implied at the macro-curricular level. Based on the experience of 50 years of Swedish compulsory schooling, they show that fears and insecurities are unfounded, and to this end, Swedish students are validated in various international aptitude tests and have performed well in these tests. In such a way that the students already from the compulsory schooling dialogue with the teachers in relation to their academic progression in a more serious way than in the daily interaction, this through conversations that are maintained between the teacher, the student and the parents once every half year, denominated Plan of personal development.

As for evaluations, grades are given from 6th grade onwards. On the other hand, there are subject tests, which are national and compulsory, in the 3rd, 6th and 9th grades of compulsory education to evaluate the progress of students; and with the final grades of the 9th grade they apply for a place in baccalaureate. Here is another difference: the grades count from the first levels, therefore the grades of the equivalent of ESO matter when it comes to accessing the baccalaureate. In other words, students must take their studies seriously from earlier grades than in Spain, for whom the two years of baccalaureate are the only ones that will decide their future. This is perhaps one of the factors that most strongly influences the respect and responsibility that characterizes the principles of this educational system.

Broadly speaking, the Swedish academic culture is based on a teaching model that favors learning through recognition. Teachers rely on the commitment of students to take responsibility for their own learning and development, with teaching styles oriented to allow critical analysis of course content, shaped by real-world situations and practical information; placing group work also as a common practice, whose intention is to force students to take advantage of what they have learned independently to facilitate joint research.

This academic culture, according to the latest data, is supported by a strong total investment in educational research and development amounting to 7’7% of GDP during 2016, with higher concentration in basic education and much lower in higher education, commanding one of the highest figures among OECD countries. This translates into mandatory attendance at conferences, a diversification and continuous training of teachers and more horizontal forms of teacher-student relationship to discuss their training in discussions with confidence, and always substantiating their argument. Finally, it is worth mentioning that Swedish values take into account innovation and new ideas, seeking that the student community ventures into new ways of thinking and critical approaches to the contents of the courses.

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