El poder erótico del cuerpo.

Propongo analizar las experiencias de vida con especial atención a la estructura social que clasifica y jerarquiza a los sujetos, según los particulares marcadores sociales. Develando a la verdadera posición de privilegio, aquella que ve sin ser visto; el poder, el control y la vigilancia se ejercen desde la invisibilidad y el anonimato.

Con el presente proyecto se enmarca el poder del cuerpo para simbolizar no sólo la expresión del erotismo, que se manifiesta desprovisto de prejuicios, sino también para transgredir nociones básicas de la cultura judeo-cristiana como la del pecado. En esta vía asume al cuerpo no como objeto de consumo, subsumido a la explotación del mercado, sino como un poderoso sujeto de deseo. Recoge las principales posturas teóricas del post-estructuralismo, el deconstruccionismo y los discursos poscoloniales y decoloniales, en los que se descentra el sujeto (sin eliminarlo) para supervisar aquel entorno que lo excede pero que lo constituye. En otras palabras, realizo una visibilización de la propia constitución de las subjetividades, al pensarlas como producto y efecto de numerosas estructuras, prácticas de poder y discursos.

Propongo ofrecer posibilidades para mirar de nuevo y para mirar con “nuevos ojos”. Existen tantas alternativas como diferentes artistas y prácticas que aunque estemos rodeados e incluso saturados de ciertas imágenes —y de aparatos que las generan y las reproducen—, muchas se nos ocultan. Así las relaciones de poder entre los procesos de producción, distribución y acceso son discursos importantes dentro de ésta práctica artística contemporánea.

En este caso el proyecto, explora la expansión de los sistemas de videovigilancia dentro de la cultura mediática de Internet. Se busca develar que nuestra mirada está codificada, entre otras cosas, por nuestra cultura corpo-visual; siendo un proceso continuo y abierto. Propongo que la imagen o el texto no son neutros, sino son una producción que responde a diferentes necesidades creando una distancia brechtiana contra la ilusión, mediante la captura para privilegiar la mirada crítica, consciente de que la percepción requiere de participación.

Así, Revenge Porn. La Invasión de la Privacidad es consumido por los ojos en la distancia. Es un acto bajo la mirada, compuesto de fragmentos de un espacio íntimo sobre los que se posa el ojo máquina. Ese espíritu situacionista de experimentar tiene que ver con lo imprevisible, con el
riesgo, con la aventura. Esta práctica, dibuja un dispositivo que escapa a normas. Con la pantalla fría, distante y calculada, pero que incluso así tiene algo de descontrol en la intromisión de imágenes de reacciones personales dentro de este montaje coreográfico con cámaras.

Es importante hacer referencia, que la popularización de estos sistemas hace que podamos ver patrones por los que camina el cuerpo a través del
“cibervoyeurismo”. El espacio de intimidad ha cambiado totalmente: las ventanas nos conectan constantemente con el exterior o, mejor dicho, con otros interiores.

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